[O mejor dicho dos ideas para dos sketches. A veces escribo cosas así. No pensaba publicar este tipo de material pero esta semana tiempo para cuentos no he tenido, así que no me quedó otra que recurrir a mis otros archivos.]
La compañía de seguros
Espere. Antes de que cambie de canal pensando que somos una aseguradora más, déjenos decirle que no es así; que nosotros sí somos diferentes. Espere otra vez. Sabemos que las otras aseguradoras afirman lo mismo también, pero en nuestro caso sí es verdad. Verá, a nosotros su seguridad no nos importa: ¿le atropelló un auto?, no nos importa; ¿va a dar a luz?, no nos importa; ¿tiene cáncer?, definitivamente no nos importa. Lo único que nos importa de usted es su dinero.
Por supuesto no pretendemos que nos lo regale. Por eso a cambio le ofrecemos una variedad de planes de salud que le brindarán asistencia cuando más lo necesite. ¿Son nuestros planes mejores que los de la competencia? En esencia son lo mismo.
Se habrá dado cuenta, entonces, qué es lo que nos diferencia del resto. Efectivamente, es nuestra brutal honestidad. ¿Pero es eso suficiente como para que nos escoja? Desde luego que sí.
Piénselo bien. Usted y nosotros sabemos que a las otras aseguradoras lo único que les interesa es su dinero también. Entonces, ¿no le parece que se burlan de su inteligencia promocionándose como entidades altruistas? Y si usted ya cuenta con un seguro privado, ¿no le revienta cómo le muestran diapositivas llenas de confusas estadísticas sólo para justificar un alza en la póliza? En nuestro caso, se lo decimos de una vez: todos los años aumentamos nuestras pólizas en mayor o menor medida. ¿Y por qué? Porque amamos el dinero y en este negocio hay mucho. Por eso estamos en él (al igual que la competencia). Así de honestos somos.
Usted quiere salud, nosotros dinero. Usted tiene lo que queremos, nosotros lo que usted: planes de salud, de la misma calidad que la competencia; pero nosotros no lo trataremos como un tonto ni le haremos perder el tiempo. Anímese y recuerde nuestro lema: “la seguridad de nuestros clientes es lo primero… siempre y cuando estén al día en sus pagos”.
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Banco para emprendedores
Aquel hombre luce humilde con su camisa a cuadros manga corta en comparación con el representante del banco que viste un impecable terno. Están en el cubículo de éste último, en el banco, y aquel hombre le está contando que no está resignado a la vida precaria que lleva, que quiere progresar y ofrecerle lo mejor a su esposa e hijos, que tiene planes y objetivos, que quiere abrir un pequeño negocio. Es en definitiva un emprendedor, y en su rostro uno puede ver esperanza. Obviamente, necesita de un préstamo para iniciar su proyecto.
En todo momento el representante del banco lo escucha muy atento, y en su rostro se puede ver cómo las palabras de aquel hombre lo van conmoviendo. Finalmente es su turno de hablar: “señor, no se preocupe, le daremos el préstamo”, dice. Entonces se ponen de pie y se dan la mano, pero no pueden contenerse y se abrazan efusivamente.
El presentador aparece frente a la cámara, mirando la escena reciente. “Hermoso, ¿no?” le pregunta al televidente y continua: “Así es nuestro banco. Ayudamos a los emprendedores a salir adelante facilitándoles prestamos prácticamente de inmediato, con insuperables tasas de interés”. Ahora se ve a varias personas ingresando a las instalaciones de la entidad bancaria, interactuando con otros representantes, abriendo luego sus negocios: una ferretería, una bodega, una farmacia, atendiendo a muchos clientes, solicitando más mercadería, progresando…
Se regresa entonces al cubículo del banco donde aquel hombre y el representante al fin dejan de abrazarse, y en ese momento el hombre de terno le dice al de camisa: “sólo una cosa más”, y se apagan todas las luces y sólo una lo ilumina, apuntado desde abajo a su rostro el cual ya no muestra un semblante amable sino siniestro; su voz adquiere un tono amenazador: “si no nos paga a tiempo le romperemos las piernas en frente de su esposa e hijos”. De inmediato la iluminación vuelve a la normalidad y el hombre de terno se muestra más angelical que nunca. El hombre humilde no puede salir de su estupor.
“Estos son algunos testimonios” dice luego la voz del presentador y se muestran testimonios de emprendedores satisfechos. Todos no tienen más que palabras de agradecimiento para el banco; el último aparece apoyado en unas muletas: “sólo un mes me atrasé en pagarles, y aunque los doctores aseguran que jamás volveré a caminar como antes, ni mucho menos correr, no tengo ni una sola queja. Gracias por ayudarme a realizar mis sueños y los de mis seres queridos”, y feliz posa con su visiblemente traumatizada familia.
“Permítanos ser parte de su progreso”, dice el presentador quien vuelve a estar frente a la cámara y concluye: “no le fallaremos, así como nosotros esperamos que usted que no nos vaya a fallar… no le conviene”.

