lunes, 19 de marzo de 2012

Abanicos

Un otaku es una persona aficionada al manga y al anime, o sea, a las historietas y dibujos animados japoneses. Una fiesta otaku es como cualquier otra sólo que la música que se pone es sacada de soundtracks de series y películas anime, y en la que la mitad de sus asistentes va siempre disfrazada de personajes propios de esas producciones. En aquella nuestra primera fiesta de ese tipo, Eduardo y yo, amigos y otakus hasta el día de hoy, no estábamos disfrazados; aunque según él, yo, con mi barba y mis lentes, fácilmente hubiera podido caracterizarme como el maquiavélico Gendo Ikari de la serie Evangelion.
Sucedió una noche de sábado para domingo del 2005.
Eduardo, amante de las juergas, fue con verdaderas ganas de festejar; yo, que odiaba las fiestas, sólo por curiosidad. Y transcurridas unas horas estábamos logrando nuestros propósitos. Eduardo, ya con varios litros de cerveza en su organismo, bailaba feliz con alguna chica, mientras que yo, sentado en una mesa y completamente sobrio (porque en esa época no bebía ni una gota de alcohol), observaba fascinado todo lo que sucedía y, de paso, cuidaba la botella grande de Cristal más reciente que mi amigo había comprado. Para entonces ya nos habíamos reído bastante con el desfile de disfraces en donde predominaron las pelucas de colores chillones y las armaduras hechas con pedazos de cartulina forrados con papeles brillantes; y, de igual forma, con el concurso de karaoke cuyos participantes hicieron más incomprensible aun el idioma japonés; en tanto disfrutábamos de algunas bolas de arroz típicas del Japón. Definitivamente todo marchaba muy bien en esa casona antigua que supuse era normalmente un recinto para los seguidores del punk, porque en el momento que una persona entraba y salía de una habitación, pude ver en el interior de la misma ropas, pulseras, correas y otras prendas, todas negras, muchas de las cuales tenían incrustaciones de metal, colgadas como si se tratara de una tienda de moda especializada en esa cultura.
Entonces alguien tocó mi hombro, volteé y vi a un chico de veintitantos años como yo, de pie e inclinado hacia mí, delgado y de mediana estatura, vestido con un traje de sastre muy pegado a su cuerpo y con un polo en vez de la tradicional combinación de camisa y corbata; todo el conjunto completamente de negro.
-¿Qué es esto?- me preguntó señalando a los que bailaban.
Entre gritos, obviamente por la bulla de la fiesta, empezamos a dialogar:
-¿Qué?- le dije confundido al no entender el significado de su pregunta; además trataba de adivinar mentalmente de quién estaba disfrazado.
-¿Qué es esta fiesta?- me preguntó de nuevo.
Me di cuenta de que no era un otaku y que su ropa no era un disfraz.
-Es una fiesta de anime- le respondí.
-¿Anime?... Ah, esas cosas japonesas- me dijo.
-Sí, esas cosas- le dije.
-¿Me puedo sentar?- me preguntó señalando el desocupado asiento de Eduardo.
-Claro- le respondí, y en un extraño arranque de cordialidad (y de conchudez) de mi parte, mientras le acercaba la botella y el vaso de Eduardo, le dije: -sírvete cerveza si quieres.
Agradecido y visiblemente complacido por mi amabilidad cogió la botella y llenó el vaso.
-Pensé que eras otro…- casi le dije otaku pero supuse que no sabría el significado de esa palabra -… aficionado a estas cosas.
-No, no- dijo -la verdad no me llama la atención, pero respeto el gusto de los demás, así como yo espero que respeten los míos.
Sus palabras me parecieron enigmáticas y por eso le pregunté:
-¿A ti que te gusta?
Y me respondió:
-La oscuridad y la muerte.
Recordé entonces las prendas que había visto en esa habitación que parecía una tienda de ropa, y teniendo en cuenta eso de “oscuridad y muerte”, entendí que esa casona no era un centro de reunión para punk’s sino para otro tipo de personas que también gustan vestir de negro, que la presencia de mi interlocutor en ese lugar no era casualidad, que él ya había estado ahí antes…
-¡Ah… eres gótico!- le dije emocionado por mi brillante deducción.
Él no recibió con alegría mis palabras:
-Me gusta la oscuridad y la muerte, punto.- me dijo seriamente -Eso de gótico no es más que una etiqueta inventada por la sociedad.
Su repentina seriedad me causo gracia, la que supe ocultar.
-¿Y cómo así llegaste acá?- le pregunté queriendo confirmar mis deducciones.
-Acá nos reunimos los sábados en la noche… no sabía que hoy lo habían alquilado para otra cosa.
En ese momento nos presentamos. Le dije que era un estudiante de Ingeniería de Sistemas, soltero y sin trabajo; él me dijo que tenía una esposa y una hija pequeña, y que trabajaba. Le pregunté en qué y me respondió “un trabajo de mierda como cualquier otro impuesto por la sociedad”. Era la segunda vez que mencionaba esa última palabra despectivamente, lo que me pareció un mal presagio. En efecto, tuve razón, porque empezó con un tedioso discursillo acusando a la sociedad de corrupta y de marginar a toda persona que no cumpliera con sus estándares; una sociedad que quería eliminar a los individuos y reemplazarlos por “seres humanos producidos en masa y con el mismo molde”. Tuviera o no razón, su forma de hablar, con el tono típico de quien se cree dueño de la verdad absoluta, me desagradó, y peor aun cuando empezó a juzgar mi estilo vida que supongo él consideraba demasiado burgués. Dejé de prestarle atención y empecé a hablarle secamente. Él notó mi cambio de actitud: “disculpa, amigo, a veces me pongo pesado. Tú… se nota que eres un buen pata[amigo]” me dijo mostrándose arrepentido. Y, cambiando de tema de una forma alucinante, me contó lo siguiente:
-Sabes… a mi esposa y a mí nos gusta ir a los cementerios en las noches y hacer el amor cerca de las tumbas.
-¿En serio?- dije sorprendido, y eso que aún no había recibido la mayor sorpresa:
-Sí, sí, es una experiencia increíble, deberías probarlo alguna vez, ¿no te gustaría hacerlo un día con nosotros?
Viendo su rostro supe que hablaba en serio. Me reí sintiéndome incómodo y halagado a la vez.
-No, gracias, amigo. No le voy a esas cosas- le dije, pero fue una verdad a medias. Era (y soy) un pervertido: si me hubiera dicho para hacerlo en un hotel en vez de un cementerio probablemente hubiera aceptado.
Él sólo asintió con la cabeza. Le pregunté:
-¿No les da miedo a ti y a tu mujer?
-No, para nada.- dijo con una sonrisa presuntuosa -A los muertos no hay que tenerles miedo, sino a los vivos… ¿sabes cómo me protejo de los vivos?
Y abriendo un poco su sacó me mostró un cuchillo enfundado de regular tamaño que colgaba de su cinturón. Hizo ese gesto con total naturalidad, como quien muestra un objeto ordinario, sin ningún ánimo de parecer amenazador; por ello no me alarmé.
-Tienes razón: los vivos son el verdadero peligro- le dije tranquilamente siguiéndole la corriente porque la verdad ya no se me ocurría qué más decir.
Luego de unos minutos de silencio habló él:
-¿Por qué no tomas?
-No bebo alcohol- le respondí.
-¿No tomas alcohol?- dijo con la típica incredulidad y desaprobación de quien ve con malos ojos a los abstemios.
-No- respondí seguro de mí mismo -no bebo, no fumo… ni bailo- dije lo último riendo para tampoco sonar muy serio. Y agregué anticipando su posible siguiente pregunte: -Sólo vine por curiosidad y acompañando a un pata.
Pasaron otros minutos sin decirnos nada.
-No me gusta mucho esta música pero igual tengo ganas de bailar- me dijo entonces. Se paró y, como finalizando nuestra interacción, continuó: -Gracias por la cerveza, amigo.
Pensé que buscaría a alguna chica para que fuera su pareja de baile pero lo que hizo fue ponerse a bailar solo. Bailaba a un ritmo que no correspondía al de la música de la fiesta, como si estuviera escuchando canciones distintas a las que los demás escuchaban. Se movía como si llevara abanicos en sus manos, lo que me hizo recordar los bailes del grupo LocoMía. Vi mi reloj y eran las 3 de la mañana.
Tres horas más tarde ya estaba amaneciendo, y Eduardo y yo abandonábamos la casona rumbo a la avenida más cercana para tomar un taxi. Eduardo, quien había tomado 5 botellas grandes de cerveza, caminaba tambaleándose hasta que cayó de rodillas. Lo ayudé a levantarse y sólo apoyado en mí pudo caminar.
-¿Para eso chupas?- le dije burlándome -¿para terminar en el suelo?
No se quedó callado:
-¿Qué esperas pues, huevón? Si no has tomado nada: yo me he tenido que tomar todas las chelas.
Me cagué de la risa.
Cuando tomamos el taxi le dijo al taxista para ir a la avenida La Marina (avenida donde, yo no lo sabía entonces, abundan discotecas y restaurantes de comida rápida), a un local de pollos a la brasa porque (Eduardo) tenía mucho hambre.
-¿Hay algún pollería abierta un domingo a estas horas?- le pregunté ingenuamente.
-Puta madre, Josué, no sabes ni un carajo: tienes que salir más- fue su respuesta.
No le hice caso en ese momento. Cuatro años después lamentaría no haberlo hecho.
***
LocoMía

16 comentarios:

  1. Es increíble la capacidad de tus textos de captar los instantes; con esa prosa entre la practicidad más grande y la sensibilidad que eso conlleva (porque pese a lo que insisten los cultores del palabrerío, en el transcurrir de las horas subsiste una honda sensibilidad). Un gran ojo tenés para construir los diálogos, las situaciones, los encuadres,,,

    Son como principios que no necesitan mayores explicaciones, esa sutileza es sublime. Es como hablar con las voces que uno encuentra (y creo que eso es escribir).

    Tus protagonistas siempre cultivan una interesante mirada de libertad ante lo que los rodea. Son especiales porque se tienen asumidos y a la vez en construcción permanente (Un hermoso equilibrio entre buscar verdades y no hacerlas absolutas).

    Me encantó, un fuerte abrazo desde Argentina.

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    1. muchas gracias juan por tus elogiosas palabras y por tu analisis. a parte de escritor talentoso eres tambien un gran comentarista/critico por la forma precisa en que desglosas los textos. entre todas las cosas que dijiste personalmente mi preferida fue la parte en donde calificas mi prosa de "practica" porque es mi objetivo escribir asi.
      gracias nuevamente y un fraternal abrazo peruano-limeño

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  2. Pensé que ibas a seguir contando qué pasó en la pollería!!! O que el gótico aparecería en alguna esquina de La Marina como fantasma! jajajaja me pareció buenaza la historia e imaginé cada uno de los momentos que relatas. Es más, se acercó una amiga del trabajo y se quedó leyendo y me dijo: qué más, qué más! jajaja Estaba detrás mio leyendo tb!
    Un beso grande Ludobit, como siempre, un placer leerte!

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    1. jajaja... lamento informarte marite que lo que paso en la polleria no fue la gran cosa: fuimos, comimos, y nos marchamos a nuestras respectivas casas...
      ahora, se me han ocurrido miles de formas de recontar los hechos ya en un cuento (o sea inventando cosas) asi que de seguro tarde o temprano el gotico estara de vuelta por aqui jaja
      besos... a ti y a tu amiga :)

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  3. Creí que te encontrarías en la pollería al gótico... Me pregunto de qué hablaban exactamente en sus reuniones?, o qué hacían...
    Que lindas palabras las de Juan Ojeda :)
    Besos mentales!

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    1. pues si ese local a un existe de repente regrese un dia en afan de investigacion y me entere mas de la movida gotica en lima, seria un proyecto interesante, y tal vez me reencuentre con el gotico jaja.
      besos mentalmente reciprocos, belleza :)

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  4. Me agradan los pervertidos seriecitos son sexis.

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    1. gracias por hacerme sentir sexi por primera vez en mi vida, bellarte :D
      p.d: el nickname "midiadedescanso" te suena?

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  5. Al inicio pensé que el gótico iba a gilearte, aunque lo hizo a medias cuando te propuso tener sexo junto a él y su esposa en el cementerio... vaya.

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    1. jaja supongo q es una forma de verlo.
      saludos, edch

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  6. Ajá, tu forma de contar las cosas es muy natural y convincente, me recuerda mucho a la forma de escribir del chico que me gusta, diría que hasta ustedes dos se parecen. El chico punk te invitó a hacer un trío? Qué cordial :) Un beso ludo.

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    1. gracias por tu comentario, paty. vi en mi correo 3 mensajes tuyo es en mi blog y pense qué pasó? jaja. procedo a borrar lo repetido. ah verdad... no supe como sacar la verificacion de letras :(
      un beso

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  7. Yo me disfrazaría de Sasori de Naruto para poder pintarme el pelo de rojo XD wow que miedo que alguien te muestre un puñal así, al menos a mi que me han querido quitar mi cámara amenazándome con un destornillador :s

    Saludos! ah! y sí puedes pasar por Gendo Ikari, también era algo pervertido XD

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    1. jaja disfrazarse siempre me ha parecido algo divertido y algo q tengo pendiente aun. a ver si me animo este año :)
      saludos, munani

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